viernes, 25 de noviembre de 2016

Cuidar-nos



(original en català del Figazine #1)

"Cuidarnos.

A nosotras, a lasotras. Tenernos en cuenta, tenernos en cuidado. Saber quién somos y donde, saber qué y porqué hacemos, y saber cuando pedir ayuda, apoyo, amor. Sobre todo saber ofrecer y dar, a montones. Cuando podamos y cuando queramos.
Vivir y ser consciente de ello es complicado. Es más fácil que todo pase por nuestro lado, veloz, y que miremos como pasa, se para y se va (o no). Lo que cuesta es agarrarte a eso y analizarlo, decepcionarte, enfadarte, indignarte, querer cambiarlo. Transformar la realidad. Ilusionarte, emocionarte, querer formar parte de ello. Porque cuando te implicas intensamente, los golpes son más intensos, las heridas más profundas, pero las alegrías, las sonrisas, también.
Necesitamos un lugar donde aterrizar. Un suelo suave y acogedor bajo nuestros pies, que nos recoja al final del día, al final de la lucha (o entre lucha y lucha cotidianas). Y este esta hecho de brazos y manos, de vientres, de sexos, de orejas de oídos, de labios. O hace falta que sean muchas, sino cercanas. Necesitamos cuidarnos, mucho, las unas a las otras, para seguir.

Represión. El amigo, la compañera, que un día detuvieron en una marcha donde gritábamos para que no desalojaran un espacio okupado en el barrio, un espacio de convivencia, de resistencia. Todas corríamos delante de policías militarizados hasta los dientes, que nos perseguían, creyéndonos (gritándonos) criminales. Cuando nuestras armas no eran más que la consciencia, el sabernos libres, y la firme decisión de no dejar que nos tomaran todo eso que habíamos construido juntas. Nos atacaban, nos golpeaban. Eran ellos los ejecutores del sistema criminal. El amigo detenido, en riesgo de expulsión del país porque no tenía papeles: las compañeras que no dormimos buscando documentos, escribiendo y firmando declaraciones de “buena conducta”, que fuimos al día siguiente a la ciudad de la injusticia, y estuvimos allá de pie juntamente con otras compañeras que también tenían alguien ahí dentro, que lloramos cuando salió, mientras nos abrazábamos. Y digo compañeras, porque había compañeros, pero la mayoría éramos compañeras.

La militancia. Asambleas, reuniones, encuentros para “tomar un café”, debates fuera de horas. Salir frustrada, triste. Sintiendo que no llegasteis a ninguna parte, o al menos, no allá donde decíais que nos llevaba la organización. Parece que me afecte más que a el, todo esto. ¿Por qué llega un punto en que no puedo más?¿Por qué aguanto hasta entonces para buscar a los brazos de alguien entre los cuales deshacerme? Miro a mi alrededor, y el resta impasible. Frío, duro, parece que sabe qué hacer y como hacerlo. Yo dudo, me desespero para encontrar otras vías, soluciones, alternativas. Busco aprobación, consensos, puntos para hacerlo cómodo para todas. Muchas veces choco con paredes que siempre tienen una idea mejor. Querer decir lo que piensas y hacerte pequeña. Hacerte grande, y decirlo, pero que todo sean gritos, y se te ponga en duda. No saber cómo hacerlo. Y lo haces, lo hacéis, y sale bien. Pequeñas victorias que hace falta celebrar. Pero que nos han costado la piel, y las fuerzas. La necesaria cerveza (o cervezas) de después, que cura y hace estrechos los lazos va bien para continuar caminando al día siguiente. A veces, pero, hace falta más. Hace falta una reconstrucción total del tejido epitelial que nos prepare para afrontar juntas la siguiente batalla.

El amor mal entendido. Nadie nos había enseñado esto, que el amor no era lo que nos habían contado. Me encuentro desamparada ante cosas que no esperaba. Busco entre lo que creo que sé y no encuentro como salir de ahí: ¿qué hago si sé que no puedo, ni me gusta, retener a alguien a mi lado, si lo que creíamos las dos es que nos querríamos para siempre? No quiero ahogarme, prefiero descubrir que amar no es sufrir, no es esconder, no es huir de la capacidad de sentir amor por más de una persona, con más de una persona, y de maneras distintas. Aunque cueste romper muros, sobre todo los que yo misma he ido construyendo. Seremos nosotras las que tendremos que rehacer el camino del amor, abriendo puertas y ensanchando los ojos y los corazones. Dándonos cuenta donde nos sentimos inseguras, y poner parches que con el tiempo y la práctica serán parte de nosotras. Huir de roles, de dominios, de pertenencias y hacernos unas relaciones a medida, de las que podamos decidir en todo momento el rumbo y la tripulación.

Hemos sentido siempre que lo personal era privado, nos lo teníamos que comer solas. ¿A quién le interesa lo que sientes? ¿Qué te importa la vida de las demás? Nunca más tiene que ser así. No es nuestra culpa, no son temas íntimos: tienen que ver con aquello que nos rodea, como nos relacionamos con ello, como se nos impone la cotidianidad, un uso del tiempo para que no podamos compartirlo, hacerlo común, para evitar que socialicemos nuestras particularidades.

Cuidarnos es aquello que nos mantiene vivas y fuertes, que nos hace más fácil salir y devorar la calle, la ciudad, el mundo; sobrevivir, a veces; superar derrotas, duelos, contradicciones, convertirlas en experiencias de resiliencia. Luchar y transformar. Somos personas, por mucho que a menudo lo escondan, nos lo escondan, lo escondemos. Y como somos reales, frágiles, tenemos que hacer de los cuidados la base y el centro de todo. Querernos a nosotras mismas, querer, dejarnos querer. Y claro está, no querer a quien nos hace daño, expulsar aquello que nos destruye o nos impide construir, combatir a quién se oponga a que sigamos pensando que esta manera de caminar es posible.

Ser felices o intentarlo con todas nuestras fuerzas."