domingo, 15 de diciembre de 2019

cel-sol-sal















Crema poc aquest sol d'hivern.
Crema, però, prou per aturar-me
en aquest racó del carrer,
tancar els ulls i deixar que,
com líquid tebi i espès,
vessi sobre la meva pell
de la cara
i s'escoli pel coll de l'abric
arribant fins les cames
i desencalli els peus del gel
i els dits de les mans surtin
de les butxaques,
orfes dels guants que sempre perdo.

El cel és un celobert blau.
I el gris que reté el fred,
o el record d'un dolor llunyà
no poden res
contra aquest estret moment,
aquest curt racó,
aquest breu tast
-ara dolç, ara salat-
de sol,
de felicitat palpable
en els meus llavis que,
malgrat clivellar-se,
somriuen d'escalfor.
 

sábado, 19 de octubre de 2019

mad





















Ha tardado un rato en reconocerme.
me la he quedado mirando
con esa media sonrisa.
Esa que haces cuando esperas
a que alguien ubique tu cara
en su mapa.
Entiendo que le cueste,
no soy tan inolvidable
como ella para mi.
...
Después se ha dado cuenta
que era yo.
"A los años que no venías" y
me ha llevado de nuevo
por sus calles de domingo
vestidas de gente en las terrazas
a pesar de la lluvia y del frío,
de un otoño que -al fin- ya asoma;
de la resaca de una carga policial
desatada sobre cuerpos llenos
de amor y rabia
en estas mismas calles
con terrazas y con lluvia.

El sol se ha sumado al reencuentro
en el mejor momento
pero también el más difícil.
El de decirnos adiós
bajando por Atocha.

lunes, 16 de septiembre de 2019

partir

Cuando llego
o cuándo me voy
partir-
partirme
al no saber como evitar
el eufemismo del “hasta pronto”.

Birra, biela, pola, chela?
Mona, rubia, güera?
Y en octubre,
mangos o magranas?

Hablar mezclado
porque en la mezcla de mi hablar
hay pedazos de donde vengo,
y de donde estoy
-de donde soy-.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Volver a amanecer en Bogotá

Hace cinco años, un 13 de agosto, amanecía en Bogotá.
En el café recién pasado saboreábamos nuestro primer descubrimiento de una Suramérica recién pisada. Y la ciudad se fue mostrando, mis ojos solo tenían ojos para ella y sus puentes elevados, sus calles pequeñas y sus mega calles, su imposible manera de moverse por ella, su smoke y sus flores, su weed, su chicha, sus estudiantes y sus polas compartidas con quienes fueron y eran y son todavía -anclados en un recuerdo de una bella rebeldía organizada- estudiantes; sus montañas que la hacían fría pero también su sol y su lluvia que la hacían viva, caliente y refrescante. Mientras mis ojos solo tenían ojos para una Bogotá que se me hizo acogedora a pesar de todo, no podía sospechar que quien la recorría a mi lado estaba rompiendo algo que en un tiempo explotaría, sembrando una distancia que hoy me alegra haber cicatrizado. Es curioso que lo que en un momento nos parece que nos marcará y dará frutos, acaba convirtiéndose en terreno baldío, a modo de cortafuegos en un bosque que nunca va a arder.

Hoy, cinco agostos después, en este día 13, amanece en Bogotá mientras vuelvo a aterrizar en ella -no por segunda, ni tercera vez-.
Ahora, después imprimirle tantos pasos, este continente se me hace casa, y, en esta ciudad que ya casi conozco como conozco a la familia que la habita y la hace viva, aunque sigue amaneciendo igual que siempre, es un amanecer distinto, más caminado. Y la conozco cada vez que llego, y la desconozco, porque me muestra nuevas risas, nuevas calles, nuevas manos tendidas, que se solapan con las viejas, las cuales me ayudan a estrechar ese abrazo que sostengo permanentemente con este lugar del mundo, rodeado de tanta historia y tan poca memoria, y de tanto empeño para hilvanar ese hilo que recupera, borda, cada nombre, cada muerte, cada batalla y cada paso. Ya no solo mis ojos la ven; mi piel, las plantas de mis pies, y mi boca la han tocado y recorrido. Y hoy amanezco lejos de ese primer 13 de agosto, con la alegría de quien deja atrás sin dejar atrás, de quien no pasará por el mismo camino, ni caerá en la nostalgia de esa primera Bogotá. Porque ahora es una nueva, más hermosa y menos misteriosa, más acogedora todavía, una que contigo nunca pisaré, una que tu nunca pisarás.

martes, 20 de agosto de 2019

ciudad(es) de mexico

Mis suelas empujan las veredas irregulares y medio hundidas de una ciudad dónde se encuentran muchas ciudades. Puedo escuchar, ver, sentir a través de los zapatos como regresan a mi una caótica Lima, una Barcelona que conserva y acumula, superpuestas, tantas épocas distintas; una Roma o una París monumentales de cielos abiertos o la aromática y comercial Marrakech; las sonrisas y la generosidad de la vida en la calle de una Barranquilla, o el sentimiento de estar en casa de mis amadas Quito y Bogotá.

Y es muy probable que sea mi llegada que haya transformado ante mis ojos esta ciudad, que mi mirada, mi manera de pisarla venga de una voluntad, escondida en algún rincón de mi cuerpo, de querer encontrarme con todos esos recuerdos que los enredados relieves de estos lugares han tejido en mi. Y de un poder romantizar esta cosa que es el cemento apilado para crear huecos vivibles con su cocina y sus cuartos donde llegar a hacer el amor y el hogar, atravesado por arterias circuladas de humo y asfalto, encontrar el placer en recorrer las calles, los patios, cruzar miradas huidizas y palpar el gusto entre lo frenético y la calma que solo me dan las ciudades.

Y por mucho que el mar, el bosque, las cimas de las montañas y los volcanes me traigan a otra realidad, en verdad, y sin poder remediarlo, en esta Ciudad de México infinita me doy cuenta que nada me evoca y me permite conocer y sentirme “en casa” como lo que se cocina en la urbe. Las ciudades me sirven para regresar, para observar sin ser vista, como se mueve, relaciona, se manifiesta, se (des)organiza el cúmulo de personas que habitan, como pueden, este piso tembloroso de supervivencia.

martes, 11 de junio de 2019

crisàlida

Tremenda Jauría

Trucar a una amiga. Obrir-me a ella, amb ella. Deixar que em desmunti tota, pensar, parlar-ne. Mirar-m'ho des de la seva distància i canviar una mica de parer. L'emoció de caminar, pel camí més llarg, sense drecera, buscant la manera de treure l'entrellat, de desencallar l'espina que em fa mal.
I saber, de manera quasi tàctil, com quan notes que se t'eriça la pell amb un calfred, que d'aquest moment, que d'aquesta conversa feta de notes de veu -a pedaços ben cosits- ens surten més preguntes i mil camins per explorar.
Els dubtes, incerteses, les ferides, alegries i ensurts; els enyors, les culpes, l'angoixa... tot s'embolcalla en un fil com de seda, com de crisàlida, fet del saber-nos acompanyades en aquest descobriment, de la semi-felicitat de fer-ho juntes, com podem; i "de a poquito" anem tentejant, a les palpentes.
És així com construïm, transformem a cada pas; i de pas ens transformem i ens construim. Ja em quedo sense wifi i t'abraço des de lluny, fins la propera.

Em miro al mirall i em veig més guapa; camino pel carrer i em sento més lleugera. I somric i li dic "t'estimo germana". Perquè crec que aquesta amistat va d'això, de descobrir-nos cada dia davant l'altra, i d'estimar-nos, més, encara (i d'estimar-nos encara, després de tot).

jueves, 2 de mayo de 2019

Stand by

Hoy Carla me ha vuelto a preguntar por mis planes. Un «¿te vas?» con café impregnado de pesar, mientras yo me quemaba de impaciencia al intentar tomar mi líquido oscuro sin dejar pasar suficiente tiempo. He tenido que contar de nuevo -lo he hecho veinte veces ya- que no sé qué voy a hacer todavía. «Quiero irme». Estoy esperando que pasen cosas que me permitan tomar una decisión. No sé, quizás me toca dejar de esperar esas cosas, dar rienda suelta a mi característica impaciencia. Quemarme. Play.

domingo, 17 de marzo de 2019

Tatuaje II


Desromantizar como modo de vida y de lucha.
Vida escogida porque he decidido alejarme y evitar cualquier síntoma de esa ficción de los amores para siempre.

Desromantizar como dieta y como camino.
Le huyo al apego que implique demasiada responsabilidad, aunque no le fallo al compromiso o al deseo recíproco.

[Ay, deseo. Deseo a veces demasiado vertiginoso para una, pero a la vez tan atractivo que duele renunciarle]

Desromantizarme me aboca al miedo. Mi inseguridad se acentúa cuando constantemente tengo que confiar en quién me habita, esa yo misma que a gritos me pide estabilidad para amarse.

[Ay, estabilidad. Alguien de quien decidí también alejarme. Qué sencilla sería tenerla con un pacto de esos de pareja inseparable, en el que revisarme y cuestionarme no fuera parte de mi cotidianidad]

La inseguridad me aborda en cada esquina, por el riesgo de no sentir-me arropada, comprendida, acompañada por las decisiones tomadas. Desficcionar, desapegar, ¿desdesear?

Desmontar, racionalizar, construir de nuevo.

Ese alejamiento de la permanencia empieza a tomar mi casa, porque yo abro esa puerta y lo hago pasar, puede ser como un viento que saldría por la primera ventana abierta que encontrara -la de mi cuarto- pero le invito a inscribirse en mi piel, para siempre.

sábado, 16 de marzo de 2019

TATUAJE I


Agujas agudas rellenan mi dermis
-tan blanca, descolorida,-
con tinta oscura y espesa
empujada por impulsos eléctricos.
Agudas agujas eléctricas
de insistente trazo
dejarán para siempre en mi,
lleno de significado, un rastro.

Permanencia performada
en forma de dibujo
en mi piel;
como si fuera tan fácil quedarse
en mi piel.

Agujas agudas que llegan e inundan
tan dentro, mi deseo
que definen y me liberan
a través de impulsos eléctricos.
Agudas agujas de otra piel
que consigue que me deje amar
y a pesar de su rastro imborrable
no será para siempre. Jamás.

Desapego desmesurado
me moldea y se va
de mi piel;
aunque siempre estará
en mi piel.

miércoles, 30 de enero de 2019

Hay como una tormenta en mi cabeza


Hay como una tormenta en mi cabeza. Pero llueve solo por dentro, soy incapaz de hacer un hueco en la capa impermeable de la que estoy cubierta para que esta humedad deje de anegarme.

Llevaba un mes llorando con cualquier canción, con sencillas frases de libros que me acarician las pestañas y se recrean en mis lagrimales. Llevaba días dejando que esto pase, encantada de que por fin pase. Algo hizo -y no negaré que sé qué fue; a.k.a. chute de energía erótica que revolucionó mis emociones- que mi cuerpo entendiera por fin cuánto necesitaba este soltar, saldar esta deuda que llevaba tanto tiempo escondida en el resquicio de mi puerta blindada, de mi capa impermeable que ahora vuelve a tejerse insondeable. 
 
Lloré de rabia, de excitación, de añoranza, de reencuentro, de sorpresa, y de quererme y querer; de despedida insospechada. Todo en un remolino de días que pasó por mi costa este como una tormenta de verano en invierno. Pero ahora no puedo llorar. Ahora cuando necesito hacerlo, parece que se cerró la grieta. El dolor es más de ahogar, de quedarse dentro y llenar mis pulmones, mi estómago.

Me abrazo a mi misma y me araño los brazos, aprieto los dientes, pero el velo impermeable es de acero ahora. Por fuera soy de acero, pero por dentro parezco de raso; la presión me agrede cada rincón. Me recrimino la insensibilidad de mi piel, y mientras tanto me inundo por dentro.